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Costa Rica es lo que necesita el mundo post Pandemia. Turismo Ecológico para combatir el Cambio Climático.

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La nostalgía es un sentimiento poderoso, un anhelo de volver a sentir una sensación que creímos pasada quizás perdida. Es la ilusión por regresar en el tiempo a una época mejor, más sencilla, más normal.

2020 fue un año impresionantemente complejo a nivel mundial incendios forestales, elecciones, manifestaciones, saqueos, explosiones y por supuesto la maldita pandemia que corto de tajo el progresar usual de los días.

Sin embargo también 2020 dio un respiro a la Tierra, con significantes reducciones en las emisiones de gases de efecto invernadero, efecto secundario nada despreciable de los confinamientos impuestos para aplanar la curva de contagios por la pandemia.

En muchos países -Costa Rica entre ellos-, la Fauna regresaba a pasear por las calles de los suburbios y ciudades. Familias de animales silvestres se aventuraban a “turistear” por áreas que siglos atrás habían sido suyas y hora habían sido devoradas por la modernidad.

Como recordándonos a nosotros los humanos que ese drama, ese problema particular originado en China y qué de repente se volvió un asunto mundial en realidad solo irrumpía nuestra normalidad, la de una sola especie entre miles de millones… Mientras tanto el resto de los seres del planeta sentían alivio al martillar incesante de un mundo que no se detiene a meditar sobre ¿a dónde van a parar los plásticos de un solo uso? o ¿Cuál es el efecto de los gases de nuestro automóviles?

Y no se trata de satanizar la modernidad en una añoranza hipócrita por cielos azules y climas más estables. A la modernidad le debemos logros científicos únicos como la extensión de la esperanza de vida, la erradicación de varias decenas de enfermedades y la creación de media docena de vacunas contra el Covid 19, en un lapso de apenas meses, hito que anteriormente necesitaba de una o más décadas de trabajo constante.

Es el trabajo de las presentes generaciones encontrar un balance entre desarrollo y ecología. aquí es dónde consideramos que los acontecimientos de este 2020 pueden servir un punto de inflexión en la manera en que la raza humana como especie observa al mundo y sobre todo como decide interactuar con él.

El cambio climático como la mayor amenaza a la vida en la tierra.

2020 nos hizo detener aviones, trenes, comercio, conciertos, festivales e incluso se nos prohibió visitar a amigos y familiares. Nuestros lazos con lo que era importante se cortaron y a todos nos dolió. Rengamos de nuestra suerte. Muchos se cuestionaron la legalidad de las medidas más restrictivas. Y aquello que dábamos por un hecho y por un derecho se volvió un recuerdo, una oración en pasado que hablaba de como eran las cosas apenas unos días antes… Como especie los seres humanos hemos cortado nuestros lazos con la Madre Tierra….

Rio Yangtze en China

Mientras algunos emprendimientos privados reviven los sueños de la era espacial y buscan conquistar fronteras más lejanas, lugares donde las civilizaciones que nos antecedieron vieron tan etéreos e imposibles de alcanzar que decidieron poner en ellas las moradas de los dioses es útil detenerse y pensar que aunque el cielo nocturno está lleno de cientos de millones de estrellas. Y muchas de esas luces son galaxias con cientos de millones de otros planetas lo que inevitablemente se traduce como millones de otros lugares con el potencial de albergar vida…

…Hasta donde sabemos con certeza solo en este diminuto “Punto Azul” hay vida. Y que la vida tiene formas tan variadas como las gigantes ballenas azules y tan pequeñas como el placton que alimente los océanos.

Es útil entonces, entender y reflexionar que nuestra condición de animales conscientes con la capacidad de heredar conocimiento, lejos de otorgarnos derechos o privilegios sobre otras especies nos hace responsables sobre ellos y que en lugar de sentirnos superiores debemos sentirnos uno más entre las biodiversidad del planeta.

Por generaciones hemos sacrificado bosques por comodidades, ríos por entrenamiento y hemos limitado el verdor de la tierra y el azul de los mares por la emoción de viajar más rápido y volar más alto. Pero no hay acción sin reacción.

El planeta se calienta, los polos congelados se encojen y cientos de especies cada año pasan a engrosar las listas de extensiones. Nuestros ríos, mares y océanos están a punto de alojar más plástico que especies marinas y algunos países se acercan al punto de parar la deforestación no por falta de ímpetu y avaricia sino por falta de bosques que seguir cortando.

¿Qué podemos hacer para corregir el rumbo actual?

Lo primero que debemos hacer es “Desmitificar” la ecología y el medio ambiente. El pulso del mundo lo dictan las ciudades. Ciudades grises de trafico, olores nauseabundos, gente apurada en un vaivén caótico, al compás de una cacofonía de sirenas, pitoretas, gritos y caras de estrés, contracturas musculares y noches de mal dormir.

En esta narración donde la constante del caos, la agitación y la premura se normalizan, la paz del campo , la suavidad de una brisa fresca y el cantar de un río se vuelven cuentos idílicos de lugares lejanos. El espacio que todos añoran pero pocos tiene la suerte de conocer.

Países y destinos como el nuestro se vuelven mundos distantes, diferentes a las capitales de crecimiento constante. En estas capitales la política, la bolsa de valores y los maratones de series televisivas son las voces que evalúan la estabilidad de la sociedad a costa del desgaste y el olvido de la naturaleza.

La manera de influenciar un cambio a esto es mediante la educación más que con la queja replicante del ambientalista que viaja a foros internacionales a recibir aplausos por sus disertaciones de una moral superior. Debemos mostrarle a todas las personas que ellos también son parte del ecosistema. Y ofrecer al ambiente como una experiencia inmersiva.

Quepos Puntarenas, Costa Rica foto por Paradise Costa Rica

¡Viaja, descubre aprende y comparte!

Interactuar y sumergirse en una realidad diferente a la cotidianidad es quizás una de las mejores alternativas que podemos tener a la hora de motivar un cambio en el rumbo de nuestras vidas y con ellas del planeta.

Es común que la vida de ciuidad nos haga pensar en el campo, los bosques, las selvas y los mares como destinos raros, inacanzables, casi míticos que se ubican mucho más lejos de lo que realmente están cuando en realidad incluso las tuberías de nuestras casas se encuentran conectadas al mar.

Conocer el impacto de nuestro día a día en el medio ambiente, la flora, fauna y en los ecosistemas del planeta nos ayuda a pesar nuestras acciones midiendo que tanto afectan a terceros, a la tierra y que tanto nos llegará a afectar también a nosotros en un futuro.

Viaja a donde puedas, descubre lo bueno, lo malo y lo feo. Aprende y reta tus propias concepciones de que es correcto. Atrévete a estar equivocado y sobre todo está dispuesto a cambiar de opinión cualquiera que está sea si la evidencia muestra lo contrario.

Alojate con familias de la zona, emprendimientos rurales. Gente de verdad y no grandes cadenas de hoteles que romantizan más de lo necesario una vista de lujo. Así además sabrás que cada centavo que pagas va directo a ayudar a una familia y es un incentivo para ellos para conservar las bellezas que te deleitan.

Visita y vive con la gente del campo, busca lugares aquellos afortunados que viven rodeados de naturaleza y no creas que esa visita idílica es reflejo de un paraíso perfecto. Busca en medio de las maravillas de la naturaleza los dramas de cada familia y las dificultades que encuentran día a día, como acceso a la educación o a servicios básicos.

Y entiende que mientras ellos respiran el aire puro que tus pulmones quizás ya hayan olvidado. Tu nunca paseaste muchos de los problemas, dificultades e incertidumbres que ellos pasan a diario.

Y al final regresa a tu vida pero llevate lo aprendido y compartelo con tus circulos cercanos, embriaga a los demás de ese deseo de naturaleza, paz y fuerza que solo los ríos que corren limpios y el aire puro de las montañas saben dar.

Busca alternativas de turismo sostenible y ecológico, busca conectarte con la naturaleza y no necesariamente lujos abrumadores. Aprende y comparte de donde vienen las frutas de tu desayuno o el trabajo titánico de miles de personas anónimas que cosechan los granos de tu café uno a uno.

Costa Rica está abierta de nuevo para ofrecerte todo esto y mucho más. Aprende de nosotros y enséñanos lo que sabes. Partamos del punto común de cuidar a la naturaleza como inversión a nuestro futuro.

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