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This Way y Tensión en el Museo de Arte y Diseño Contemporaneo.

Tres artistas costarricenses, tres generaciones, tres procesos de investigación, en un solo proyecto. “This Way” es la nueva exposición del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (MADC), que estará abierta al público hasta finales de octubre 2020.

Rossella Matamoros, Javier Calvo y Lucía Howell, son los artistas que presentan propuestas temáticas como el espacio, el territorio, la política, la historia y la institucionalidad; haciendo de la acción performática el lenguaje con el que el observador toma un rol activo en la muestra.

El curador del MADC, Daniel Soto Morúa, explicó que esta muestra “es una exploración de diversos modelos curatoriales y expositivos, en la cual, artistas, obras y públicos, interactúan con el fin de enriquecer sus profesiones, sus lenguajes y su experiencia durante esta visita. El MADC apuesta por un modelo curatorial que fomente la interacción entre artistas de diversas generaciones, procurando una mediación entre ellos, sus obras y los diversos públicos que visitan la institución”.

Un largo rollo que evoca manuscritos antiguos, pero con un tratamiento urbano y callejero, cae desde el techo de la Sala 1 y cuestiona a los visitantes sobre la manera en que los costarricenses entienden su historia y ejercen la ciudadanía. Este es el resultado de varios años de investigación por parte de Rossella Matamoros (1960), una artista con 30 años de trayectoria y más de 135 exposiciones.

Matamoros aseguró que “el proyecto instalativo: ¿Nos vemos al espejo? ¿Defendemos la institucionalidad?, incluido en ‘This Way’, es parte de una investigación más amplia que he venido realizando sobre desarrollo y derechos humanos en Costa Rica. Es una ‘reflexión obligatoria’ sobre la actualidad en nuestro país a través de muchas preguntas que se le hacen al espectador. Para estos efectos entrevisté a decenas de personas durante casi tres años”.

Por otra parte, el grupo de obras de Javier Calvo (1981), que también forman parte de “This Way”, convertirán al espectador en participante. Algunas pinturas conforman -o no- una secuencia, similar a las utilizadas en los exámenes psicométricos utilizados en procesos de reclutamiento; mientras que las obras tridimensionales ponen en juego los roles de poder de los visitantes.

A partir de la abstracción geométrica, Calvo apunta al espectador, quien podrá apreciar la obra desde dos posturas: la estética-contemplativa o bien, retar al visitante a resolver los acertijos con una relación estética-participativa.

Al costado oeste de la Sala 1, habrá una obra sencilla pero invasiva, un espacio para que los visitantes se integren al espacio del MADC y experimenten sensorialmente con su cuerpo, al igual que lo hará la artista más joven de la muestra, Lucía Howell (1992). Ella inició su carrera hace pocos años y es una apuesta del MADC al talento joven. Durante la exposición, explicó la artista, “voy a estar trabajando en experimentaciones y obra plástica en torno a un juego de traducciones entre el lenguaje visual, sonoro y corporal. Voy a trabajar en ejercicios y producción de instalaciones”.

“Esta exposición ha representado un reto para el Museo desde su visión curatorial; para los artistas, a la hora de compartir y dialogar en un mismo espacio; y lo será también para los públicos, porque los artistas los harán cuestionarse muchas interrogantes. Ha sido muy enriquecedor trabajar en conjunto, sobre todo en este momento que todos nos hemos visto obligados a cambiar nuestra manera de trabajar y expresarnos debido a la pandemia; eso también se verá reflejado en la muestra y en las actividades de mediación que iremos ofreciendo”, concluye el curador, Daniel Soto.

Tensión

La Sala 1.1 mantendrá la exposición “Tensión”, de la artista guatemalteca Ana Werren, la cual llevaba pocos días de inaugurada cuando se decretó la emergencia nacional.

Sobre la exposición, Soto comentó que, “para Ana Werren, el cuerpo es un campo de interacciones que transforma -como consecuencia del movimiento- al espacio que lo rodea. Bajo esta premisa, experimenta con su propio cuerpo y lo lleva al límite de tensiones físicas y estéticas. La artista utiliza su cuerpo para adueñarse de él, controlarlo, manipularlo, colonizarlo y finalmente, convertirlo en objeto de autoconocimiento y empoderamiento desde la femineidad individual”.

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